Trastornos de la alimentación: Conozca los hechos

Los trastornos alimentarios son temas aterradores de los que puede ser difícil hablar, especialmente cuando usted o un amigo se han convertido en víctimas desafortunadas de uno. Aun así, es importante conocer las señales de advertencia y los síntomas de los trastornos alimentarios para que pueda buscar la ayuda adecuada si es necesario. Para saber más sobre ellos, hablamos con Christine, una activista para la prevención de los trastornos alimentarios, sobre su propia experiencia en la superación de un trastorno alimentario y cómo todos los adolescentes pueden trabajar para establecer una imagen corporal saludable.

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Los trastornos alimentarios son temas aterradores de los que puede ser difícil hablar, especialmente cuando usted o un amigo se han convertido en víctimas desafortunadas de uno. Aun así, es importante conocer las señales de advertencia y los síntomas de los trastornos alimentarios para que pueda buscar la ayuda adecuada si es necesario. Para saber más sobre ellos, hablamos con Christine, activista por la prevención de los trastornos alimentarios, sobre su propia experiencia en la superación de un trastorno alimentario y cómo todos los adolescentes pueden trabajar para establecer una imagen corporal saludable:

¿Cómo comenzó su trastorno alimentario? Todo comenzó con la natación. El verano, al entrar en octavo grado, me volví muy competitivo y puse gran parte de mi ansiedad en ello. Cuando me di cuenta de que las prácticas no estaban haciendo lo suficiente, me llevó a comer más sano, lo que me llevó a comer menos, lo que afectó mi imagen corporal. Cuando mi imagen corporal empeoró, dije que necesitaba comer menos, hacer más ejercicio y practicar más que los demás. Con el tiempo se convirtió en un trastorno alimentario en toda regla.

**¿Cuáles fueron los primeros pasos en su proceso de recuperación? ** Me pusieron en un programa de hospitalización y luego me dieron de alta dos veces. Después de eso, mis padres pensaron que lo mejor sería ir a un programa residencial en Utah. Después de unas siete semanas, no estaba haciendo nada para encaminarme hacia la recuperación, así que me colocaron en un programa llamado terapia de trabajo. Me levantaba todas las mañanas y hacía las tareas del lugar donde me hospedaba, como lavar los platos y limpiar el baño. No se me permitía ningún contacto con nadie de mi familia, mi terapeuta ni ninguna otra chica. Un día estaba afuera cuando hacía frío y me di cuenta de que mi trastorno alimentario me estaba haciendo sentir miserable; me decía que era feliz, pero en realidad no lo era. Entonces me di cuenta de que merecía más de lo que me estaba dando el desorden.